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Brasil vuelve al pasado

Por Kevin Montien González
@MontienKevin

El Maracanazo, el día en el que la ilusión de un país murió

July 6, 2019
FOTO: Internet


Por: Kevin Montien González 

Este domingo se paraliza el mundo del fútbol por un partido con algo especial, más allá de ser la final de la Copa de América

Pues Brasil vuelve a jugar una final en su territorio, para ser más exactos en el mítico estadio Maracaná, mismo recinto que tiene un recuerdo desolado para los brasileños por lo sucedido el 16 de julio de 1950,  día en el que no solo murió el sueño y la ilusión de un país

Después de la segunda guerra mundial, que tuvo final en 1945, cinco años después se volvió a celebrar un evento deportivo, y a Suramérica volvería la alegría, la emoción y la esperanza, aunque no por mucho tiempo para los ciudadanos del país anfitrión. Así como en 2014, año en el que también sufrieron la goleada 7-1 por parte de Alemania en la semifinal, en aquella ocasión Brasil organizó la Copa del Mundo

Este torneo se disputó entre el 24 de junio y 16 de julio, tiempo en el que 13, de las 16 selecciones clasificadas, se midieron en fase de grupos. De ahí, Brasil, España, Suecia y Uruguay pasaron a la liguilla, fase en la que en la última fecha se enfrentaron los dos países europeos y los dos suramericanos. 

Brasil, solo necesitaba un empate para levantar el trofeo, mientras que Uruguay tenía que ganar si o si. Y ese domingo ante 200.000 personas, ambas selecciones se dispusieron a jugar un partido que pasaría a la historia por el más trágico y dramático de todos los tiempos

Para esa Copa el Mundo se construyó el estadio más grande nunca antes visto, el Maracaná. En tan solo un año, 10 meses y 27 días, más de mil 500 obreros convirtieron 464.650 toneladas de cemento, 1.275 metros cúbicos de arena, 3.933 metros de piedra, 10.597 toneladas de hierro y 55.250 metros cúbicos de madera en el que sería el mayor escenario deportivo para disputar un partido de fútbol


La pelota rodó y la emoción se tomó las gradas del Maracaná. El primer tiempo terminó en ceros, empate con el que Brasil lograba el campeonato, pero ellos querían darle más a su afición.

En la segunda parte, tan solo dos minutos después de reanudar el juego, Brasil se fue arriba en el marcador por intermedio de Albino Friaça Cardoso. Al 66’, uruguay daría el primer disparo al corazón; gol de Juan Alberto Schiaffino que puso tenso el ambiente

Y al minuto 79 llegó la estocada final, algo tan doloroso como la muerte. Alcides Ghiggia puso el 1-2, marcador que dejó claro que la desgracia de unos, es la alegría de otros. 

Del monstruo que era el Maracaná no quedó nada, silencio total. Jules Rimet, presidente de la FIFA, bajó al campo de juego e hizo entrega del trofeo a Uruguay, sin acto protocolario alguno ante el miedo por la multitud. Por dentro, los ‘charrúas’ gritaban campeón

Fue tanto el daño emocional que ese gol causó, que hizo que ese día terminará la ilusión y las vidas de algunos brasileños. Supuestos suicidios masivos por dolor o por la pérdida de dinero por apuestas, algo que hasta el día de hoy siguen presente en la memoria histórica de Brasil. Fue tanta la conmoción, que el técnico Flávio Costa solo pudo salir del estadio hasta dos días después del pitazo final, eso sí, tuvo que hacerlo... vestido de mujer.  

Una de las personas más afectadas por esa derrota fue Moacir Barbosa Nascimento, arquero que recibió los dos goles. Muchos años después, Barbosa habló y con el desolado recuerdo dijo: "Llegué a tocarla y creí que la había desviado al tiro de esquina, pero escuché el silencio del estadio y me tuve que armar de valor para mirar hacia atrás. Cuando me di cuenta de que la pelota estaba dentro del arco, un frío paralizante recorrió todo mi cuerpo y sentí de inmediato la mirada de todo el Maracaná sobre mí". 

El aquel entonces guardameta del Vasco da Gama, no pudo estar tranquilo y después del retiro, vivió sus últimos días como cuidador del Maracaná; lugar en el que no solo perdió la oportunidad de ganar un Mundial, sino también su vida. 

"En Brasil, la condena máxima es de 30 años. La mía fue perpetua", indicó el arquero que falleció en el 2000 a los 79 años por un derrame cerebral. 

Otra semejanza de ese 16 de julio de 1950, es que Brasil jugó por última vez con camiseta blanca con cuello azul la cual quedó desterrada hasta esta nueva edición. ¿Cábala, suerte o maldición?, solo se sabrá este domingo a las 3 de la tarde, hora Colombia, cuando la ‘canarinha’ vuelva en el tiempo, esta vez enfrentando a Perú por la final de la Copa América.

Revive aquí el Maracanazo: 


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