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Amado Hernández Gaviria

Amado Hernández Gaviria

Comunicador social - periodista de la Universidad de Antioquía, también realizó estudios en Filosofía y Letras. Actualmente se desempeña como narrador deportivo del Canal Teleantioquia. 

¡Ábrase por amor a Dios!

26 Noviembre 12

 

Es relativamente fácil fijar hipótesis en este instante, cuando se ha disputado la mitad de la semifinal. No obstante, desde el día del sorteo, les dije a quienes me indagaron sobre la configuración del grupo B, que el más perjudicado había sido Atlético Nacional. Aquello de ser el mejor visitante pero el peor local, paradójicamente, le restaba opciones al Rey de Copas.

Con un solo juego por fuera de la montaña y cinco sin salir de Antioquia, el Verde se veía como un náufrago sin zarpar, de acuerdo con la lógica de su campaña precedente. Hoy, luego de tres fechas, el presentimiento se cumple de acuerdo con el raciocinio original. Nacional le ganó a La Equidad en Bogotá, obvio, pero se resquebrajó en el Atanasio Girardot frente a Independiente Medellín y de igual manera en el estadio Ditaires ante Itagüí, donde eso de ser visitante sólo era un formalismo.

Pero aunque les esté hablando de “lógica”, no hay que perder de vista el origen de este fenómeno o extraño maleficio. No es suerte. Yo no creo que exista tal invención. El “mareo” que padece el Verde cada que juega en su propia grama, o en pastos familiares  como el de Itagüí, donde la hinchada le canturrea a garganta abierta, no se lo genera el azar sino la estructura del fútbol que practica, un fútbol desequilibrado.  

Aquello de depender tanto del rival para poder ejecutar la propuesta propia tiene sus conflictos. No es conveniente depender tanto, como tampoco es pertinente creerse autosuficiente, como al mismo Nacional le sucedió años atrás, cuando el proceso de “Los Puros Criollos” era orgullo nacional. En ese entonces, Pacho y Bolillo llegaron a pregonar que “nosotros sólo tenemos que preocuparnos de nuestro estilo”, certificando cierta ignorancia y desprecio ante el oponente. No es así.

Hoy, resulta que si los adversarios se “abren”, lo cual suele suceder cuando el elenco paisa va a otras ciudades, éste puede facturar con su fútbol de desdoblamiento rápido e incursiones afiladas sobre las bandas. Ni Independiente Medellín se le “abrió” y mucho menos Itagüí. Total, ahora tendrán que orar los seguidores verdolagas para que el oponente haga la obra de caridad: “abrirse”, y sobre todo en el Atanasio Girardot, para ver si el Rey de Copas vuelve a ganar.

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