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Esteban Jaramillo Osorio

Esteban Jaramillo Osorio

Reconocido periodista deportivo colombiano. Su punto de vista objetivo a cerca de temas de fútbol le han permitido ser una de las voces más reconocidas en el periodismo deportivo del país.

La cometa

30 Julio 13

Se reconoce el esfuerzo de los dirigentes para construir  equipos, en tiempos de crisis. “El palo no está para cucharas”. Ponen la oreja a los pedidos de los entrenadores y los satisfacen a medias, porque estos piensan en “refuerzos y aquellos, los dueños, en números y finanzas. La ley de quiebra amenaza y el descenso, en casos puntuales, también. La iliquidez es pan de cada día.
 
El mercado se mueve sin grandes inversiones, exceptuando a Michel Ortega, de talento indiscutido, venido a menos en el fútbol de élite en Europa, de regreso a su tierra, en la costa, para preparar su relanzamiento. Su experiencia en Alemania, en logros, fue nula. Listado en el que también se puede incluir a Juan Pablo Pino, quien desembarcó en el Medellín tras un extenso periplo internacional.
 
Hay, como cada semestre, éxodo de cachorros jugadores, en formación, que terminan dando vueltas insulsas por el mundo.
 
Llegan con pompa futbolistas relegados a la sombra, gastados o en crisis. Veteranos que se mueven de un club a otro, con la complacencia de sus nuevos técnicos, exprimiendo marchitas facultades que, en el pasado, los hicieron famosos. Lo hacen por sentimiento, por necesidad de estar vigentes o por el bolsillo.
 
Es allí cuando aparecen los abusos. Las recompensas millonarias para quienes eligen, en este caso los directores técnicos, en alianza con dirigentes sin escrúpulos. La comisión, llamémosla mordida, se queda en el camino. Se hacen los tontos a la hora de evaluar condiciones, miran a otro lado, o se llenan de malicia, sin mostrar empeño por mejorar la calidad de sus equipos. 
 
Se cuentan casos por decenas, con denuncias públicas de los implicados. Basta mirar como algunos entrenadores, que cambian de club con frecuencia, se marchan acompañados por los mismos jugadores, que en otro lugar tuvieron sonados fracasos. Esto silencia el ruido de los empresarios. La comisión que a ellos, o a sus representados, corresponde, ahora se distribuye por partes entre quien decide y quien contrata.
 
Son rasgos propios de la impureza del sistema que requieren de terapia de choque para mejorar la calidad de nuestro juego, hoy sujeto a estas conductas anti-éticas y a limitantes absurdas en el rendimiento.
 
¿Alguna vez un código ético de la Dimayor, pondrá en cintura esta práctica? ¿O los dirigentes serios, que los hay, tendrán el valor de hacer pública la queja, absteniéndose de contratar entrenadores con abusos comprobados?
 
No pasan de  diez  los técnicos  en Colombia, que se rehúsan a compartir dividendos en las negociaciones con los futbolistas, con el riesgo de pasar al cese por la incomodidad de sus posturas.

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