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Amado Hernández Gaviria

Amado Hernández Gaviria

Comunicador social - periodista de la Universidad de Antioquía, también realizó estudios en Filosofía y Letras. Actualmente se desempeña como narrador deportivo del Canal Teleantioquia. 

Instinto de conservación

15 Agosto 13

Que los brujos hablen, que la esfera muestre la futura ruta, que la neurona fácil recurra de nuevo a la “suerte” para explicar el marasmo provocado, hasta ahora, por los equipos visitantes. Por mi parte, pienso que el “instinto de conservación” tiene parte de la culpa.
 
Cuando usted se tira a un río para salvar al que se está ahogando, es posible que éste, en su desespero, le clave las uñas en las cuencas de los ojos, lo agarre de la nuca en  acto inconsciente de estrangulamiento o le dé un manotazo sorpresivo que lo deje grogui, causando así su propio hundimiento.
 
El “instinto de conservación” avivado por el pánico de las aguas en quien se va a ahogar, es similar al “instinto de conservación” del equipo que sabe que su supervivencia en las tablas de clasificación depende de los resultados, de tal modo que, en aguas torrentosas... aférrense del cuello ajeno…
 
La diferencia entre el ejemplo y la circunstancia que se describe, es que el “instinto de conservación” de los equipos visitantes está calculado fríamente. Táctica, cordones defensivos, líneas apretadas, bloques sin fisuras… estrategias para la destrucción. Por esto es que los “sobrevivientes”, tras abandonar las aguas, dicen: “Tuvimos muchos méritos. Impedimos que el otro hiciera lo suyo. Nunca nos llegó y nosotros aprovechamos el único descuido de ellos”. Es decir, le metieron los dedos a los ojos de quien fungía como "salvavidas"... del espectáculo.
 
Para que el salvavidas no muera ahogado tiene que aprender su oficio. Jugar en casa requiere del aprendizaje de unas formas que van más allá del artilugio táctico que se emplea de visitante, el cual, en muchos casos, no es otra cosa que el eterno contragolpe. Hasta en los desafíos de barrio esto se aplica. Si no puedo con el otro, me meto atrás hasta que de un manotazo le saque las vísceras.
 
Son pocos los equipos colombianos que cuentan con lo suficiente para no hundirse ejecutando  brazadas bien aprendidas;  pero son muchos los que “chapuceando”, inspirados por el “instinto de conservación”, logran llegar hasta la orilla… entre esos encontramos a muchos “visitantes”... entre esos encontramos a muchos campeones...
 

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