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Mario César Otálvaro

Mario César Otálvaro

Administrador de empresas de la U. Nacional sede Manizales; Comunicador Social - Periodista de la Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, con más de 20 años en el ejercicio profesional como reportero, comentarista, presentador, opinador y

Pasada la euforia

18 Octubre 13

Logrado el objetivo de la clasificación y con la satisfacción del deber cumplido con campaña maravillosa y números innegables, para el cuerpo técnico de la Selección Colombia llega la hora de la evaluación y de la planificación en firme del mundial Brasil 2014.
 
Todos los elogios van para el técnico Pékerman por la escogencia del grupo que dejó poca discusión sobre faltantes, por su propuesta ofensiva en un fútbol que destaca grandes delanteros, y por su liderazgo, empatía y voz de mando frente a sus dirigidos.
 
Recibió total respaldo de la Federación, lo aprovechó en beneficio del equipo, le supo llegar a un plantel que entendió su mensaje y con sus colaboradores diseñó una hoja de ruta exitosa trazada paso a paso hasta recuperar la gloria perdida desde hace 16 años.
 
En lo administrativo alguien decía, y con razón, que las garantías que le ofrecieron no se las hubieran dado a un técnico colombiano, pero más que las comodidades, la clasificación fue el resultado juicioso de un trabajo bien desarrollado, con metas específicas.
 
Que se jugó bien, mal o regular, siempre pasará, siendo preponderante la conquista con 30 puntos del cupo para la Copa, el terminar segundo luego de vencer a Paraguay en su patio, y como cabeza de serie para el sorteo del 6 de diciembre, valores muy por encima del presupuesto inicial.
 
Claro que internamente debe haber un autoanálisis, y particularmente el partido contra Chile brindó un catálogo de oportunidades para revisar sobre aspectos puntuables, detalles dignos de corregirse, inherentes a un colectivo que es bueno pero igualmente imperfecto.
 
Lo primero, lo mental. La madurez y seriedad, sin dejar desbordar las pasiones porque cualquier rival es peligroso, y aquella tarde la selección estuvo pasmada, aguantando el juego que no fue nunca la característica en Barranquilla y reaccionando en el complemento por actitud, y de cierta forma porque los chilenos se fundieron.
 
Lo segundo, se desnudaron errores atrás con una defensa lenta, aparentemente no apta para el mundial, cuya renovación va a ser difícil por falta de tiempo, y porque a las alternativas jóvenes no se les acercó, y Balanta y Franco, los de mayor futuro, ni siquiera formaron parte del proceso. 
 
Al mundial del 98 se cometió el pecado de llevar al ‘Pibe’ Valderrama caminando, porque a los otros volantes de la época no se les miró, y Néider, Giovanni o Arley Betancur, quienes pudieron ser sus sustitutos, quedaron etiquetados como jugadores de casa opacados por el astro samario.
 
Llevar los que andan bien, que estén actuando y tengan ritmo, es una verdad ineludible para un Mundial en el que cualquier distracción cuesta caro, y más que el agradecimiento, que por naturaleza les debemos, ese derecho se tiene que reservar para los de mejor presente, independiente de sus hazañas pasadas.
 
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