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Mario César Otálvaro

Mario César Otálvaro

Administrador de empresas de la U. Nacional sede Manizales; Comunicador Social - Periodista de la Jorge Tadeo Lozano de Bogotá, con más de 20 años en el ejercicio profesional como reportero, comentarista, presentador, opinador y

Rarezas de Liga

15 Noviembre 13

Se viene la fiesta de fin de año, emocionante y atractiva, tanto que supera las dificultades vividas y las irregularidades de una competencia llena de absurdos, cuyo nivel técnico es discutible, y que al paso que va seguirá admitiendo equipos de barrio.
 
Basta con mirar lo que sucedió en el tramo final del campeonato para entender porqué las tribunas siguen desoladas, porqué el rating de televisión no sube, y porqué el fútbol internacional cada día alcanza más adeptos.
 
Que el Once Caldas termine como el mejor equipo de la segunda vuelta de la liga, cuando de los ocho clasificados solo le ganó a los suplentes de Itagüí, es una muestra clara de que éste es un  torneo para cualquiera, sin clubes de jerarquía.
 
Qué Nacional cierre campaña cayendo en casa frente al colero, que complete siete fechas sin conocer la victoria, que se haya quedado en la Suramericana, su gran objetivo, y que hable de cansancio con semejante nómina y esas odiosas rotaciones, esa sí es la tapa.
 
Que Santa Fe, uno de los grandes favoritos al título pierda sus últimos dos juegos contra los eliminados Cúcuta y Huila, este último en Bogotá, es una vergüenza para su cuerpo técnico y su plantilla, y ni hablar de sus pobres refuerzos, González, Caicedo y Arrechea.
 
Que Quindío y Cúcuta sean capaces de vencer a sus rivales en la jornada definitiva cuando a lo largo del año fueron una murga, desdice del profesionalismo de nuestros jugadores, que solo responden al estímulo económico.
 
Que las autoridades de Tunja saquen a Patriotas de su estadio en el juego clave de la clasificación por privilegiar un concierto, no hace más que demostrar la escasa comunidad entre las administraciones locales y los clubes, que son propiedad privada.
 
Que el Medellín vaya a jugar una final en Barranquilla y a los 12 minutos ya esté abajo 2-0 en el tanteador, destaca la falta de unidad, de grupo y de compromiso de una institución sin norte,  inmersa en problemas internos.
 
Que Alberto Gamero concluya desvalorizado su capítulo con el Chicó, cuando era carta apetecida por todos; o que el Cali de Leonel pierda acciones en el listado de favoritos por su empatitis -20 en 42 partidos del año- son otros síntomas del desequilibrio deportivo.
 
Igual, vamos a gozarnos la semifinal, que tiene como ingrediente fundamental que será disputada por los ‘grandes’ del fútbol colombiano, con hinchadas, con estrellas y con historia, cita a la que aparentemente solo faltarán Medellín y Tolima.
 
Y para los dirigentes, una lección: apuéstenle a proyectos y evalúen solo al final, pues la realidad de los cuadrangulares es con equipos que no cambiaron de técnico durante el semestre.
 
Hasta la próxima…[email protected]
 

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