La llegada de Darwin Machís a América de Cali no se explicó solo desde lo contractual. Detrás del acuerdo apareció una figura clave: Adrián Ramos, quien jugó un papel determinante en la decisión final del venezolano.
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Ramos no actuó como negociador, pero sí como referente interno. Desde el primer contacto, habló con Machís sobre el momento del club, la exigencia diaria y el rol que podía asumir en el frente de ataque.
Ese diálogo directo pesó más que cualquier discurso externo. Machís escuchó a alguien que vive el camerino y entiende la presión del entorno.
El vínculo entre ambos no nació ahora. Coincidieron en el Granada CF, compartieron vestuario y construyeron una relación de respeto profesional.
Ese antecedente permitió una conversación franca, sin filtros. Ramos le transmitió certezas: continuidad, liderazgo claro y una estructura que respalda al futbolista dentro y fuera de la cancha.
Por ende, Machís valoró llegar a un equipo donde tendría un líder cercano, alguien que conoce sus virtudes y puede potenciar su adaptación al fútbol colombiano.
Así, el fichaje de Machís se entiende mejor desde lo humano. Adrián Ramos funcionó como puente de confianza y aceleró una elección clave.
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