Millonarios no vive un semestre para esperar “a ver si arranca”. El club necesita puntos, ritmo y soluciones ya. Por eso la pregunta es válida y urgente: sí, a Álex Castro ya se le puede exigir.
Tiene 31 años, experiencia y un lugar que no se regala. En este punto, el fútbol no premia promesas. Premia impacto.
El problema no empieza en el talento. Empieza en la disponibilidad. Si un jugador vive entre molestias y recaídas, no construye continuidad.
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Y en un plantel corto de confianza, un nombre que no está semana a semana se vuelve una carga silenciosa. Millonarios no puede planear alrededor de la duda.
Luego aparece lo que más desespera al hincha: la poca incidencia. Castro suele dejar sensaciones de “medio bien” en partidos cómodos, pero se esconde cuando el rival aprieta.
Un extremo o volante ofensivo debe romper líneas, pedirla en zonas calientes, provocar faltas, rematar, asistir. Si aparece poco, el equipo lo siente como si jugara con uno menos en momentos clave.
Las decisiones recientes del cuerpo técnico también hablan. Lo mandaron a tribuna contra Bucaramanga. No entró en la convocatoria ante Junior.
Eso no es casualidad. Eso marca una posición interna: hoy no pesa lo suficiente para competir por minutos, incluso en un equipo que necesita variantes.
Y aquí entra lo más duro: el costo de oportunidad, un cupo en Millonarios vale oro. Si el club hace “barrida” para subir el nivel, ese filtro también debe tocar a los veteranos que aportan poco. No por edad. Por rendimiento. Porque cada cupo que no suma, resta.
Castro aún puede dar vuelta la historia. Pero el margen se encogió. En Millonarios, la paciencia se gana jugando. No esperando.
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